
Y en lo más profundo de mi ser,
aún abrigo un mínimo de esperanza
de que sientas por mi,
al menos la mitad de lo que yo siento por tí.
Porque te has hecho imprescindible en mi día a día,
porque siento la necesidad de escuchar tus palabras,
de leer tu pensamiento,
de sentir tu presencia.
Aún a sabiendas que estás lejos,
aún a sabiendas que la nada está presente
en nuestras vidas, distantes y distintas.
Aún así, sigo albergando esperanzas.
Aunque el camino sea largo,
pedregoso y desolador,
capaz de hacer desistir
hasta el más intrépidos de los aventureros.
Aún así, seguiré aquí y aguardaré tu espera.
Porque a pesar de todo considero que TÚ
mereces la pena,
y por ello albergo aún en mi, la esperanza.