
Con el tiempo, toda espina hiriente, clavada sin importar la profundidad del daño, termina por secar y finalmente caer, aunque deja su huella, su hueco, su sitio, vacío, lleno de aire, lleno de nada, haciendo que el alma se quede en eso, en NADA, pues por todos los orificios producidos por tales estacas de vida inerte, se pierde la esencia de uno.
A menudo me pregunto cómo cubrir tales espacios. Muchos piensan que con fé, esperanza, simplemente tiempo, pero es esto último precisamente de lo que más carece el ser humano, y mientras procuramos rellenar el alma con falsas creencias, esperanzas, vamos viviendo una vida que nunca pensamos que fuese la nuestra, pues nos empeñamos en vivir una vida idealizada, sin percartarnos que nuestra vida, no es la que soñamos, sino simplemente la que vivimos, pues no hay otra.
Fuerte es aquel que vive su momento como su fuera el último.
Fuerte es aquel quién decide con quién estar, cómo estar y cómo vivir.
Pero más fuerte es aquel, que hace de cada espina clavada en su alma, una experiencia que le ayuda a seguir, simplemente viviendo, sin temor o remordimientos.